Un ser humano en su sano juicio decide hacer galletas, lleva a cabo todo el proceso de elaboración, las saca del horno preciosas y aromáticas, las deja enfriar, y luego, más tarde, a la hora de la merienda invita a amigos y conocidos a probar una galletita casera recien hecha.

Pero un ser humano sin juicio ni medida decide hacer galletas y comienza a segregar saliba como el perro de Pavlov. Lleva a cabo el proceso picando aqui y allá de la margarina (ighs), del azúcar (aghs), de la masa (uuugghs)… Para cuando las mete en el horno, se ha creado un estado de ansiedad tal que tiene que reprimirse para no darse cabezazos contra el cristal queriendo cogerlas. Espera el tiempo marcado por la receta, y las saca, y las ve, preciosas, doraditas, oliendo un poquito a canela, otro poquito a azúcar, otro poquito a margarina, ahi, todo mezclado en una sinfonía de olores que anuncian sabores deliciosos, y no puede resistirse y le arrea un bocado a una. Está caliente pero da lo mismo. ¿Y aquello que dicen de que comerse las galletas recien salidas del horno luego da dolor de estómago? Qué más da.  Está tan rica que decide zamparse otra.

El resto del dantesco espectáculo puede suponerse.

La receta de las suculentas galletas fantasma (galletas de margarina que desaparecen enseguida) es:

125 gr. de Margarina

170 gr de Harina

50 gr de Azúcar

Una pizca de canela (0 cacao en polvo) para aromatizar, aunque es totalmente opcional.

El proceso de preparación es el siguiente:

(Este es el momento de encender el horno y ponerlo a calentar a 180º)

1. Poner en un bol la harina, la margarina, el azúcar y lo demás, y mezclar con las manos (o una espátula… pero es más divertido con las manos), hasta obtener una masa homogenea.

2. Ir dividiendo la masa en bolitas y aplastarlas para dar forma a las galletas (el tamaño ideal es de un centímetro y medio/ dos de grosor, y unos cuatro centímetros de diámetro, pero las galletas no son una ciencia exacta)

3. Colocar las galletas en una  bandeja  un poco untada de margarina, y meterlas en el horno ya caliente, a 180º, durante 15 minutos.

4. Se sacan cuando están doradas y consistentes, así que si con 15 minutos no basta, pueden dejarse un par de minutos más, o apagar el horno y dejar que se hagan con el calor restante durante un rato. Luego a una rejilla a enfriarse, o a unas fauces hambrientas, si estas se interponen antes.

Por ahora no es posible poner ningún documento gráfico por razones evidentes: como en otros casos de apariciones fantasmales, no dio tiempo a sacar la cámara.

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