[Atención: post lleno de dramas domésticos]

Tengo ahora el último examen de la carrera, si todo va bien. (Que no creo, pero bueno, mantengo la fe, y ya de paso, la esperanza y la caridad)

No es que vaya a acabar ahora, no me gusta mentir, pero luego en septiembre tengo que entregar un par de trabajos y ya . Si, mariconada de carrera es la mía, no me digan otra vez lo que llevo ya seis años (SEIS AÑOS YA, PERO QUÉ CLASE DE TARADA SOY) escuchando.

De sistemas de representación automatizada del conocimiento, es el exámen. Lógica para abreviar. Aliñada con unos grafos por aqui, una poca de heurística por allá, y un programa llamado Prolog, por acuyá, que aunque parece versatil y funcional, a nosotros casi exclusivamente nos ha servido para hacer listas de implicados en las mafias familiares de la droga, tanto árbol genealógico para arriba y para abajo.

A lo que voy es a que podían darnos algo, unos panchitos, unas mirindas… algo que animase más que simplemente ir a vomitar cosas que aún no sé qué tal he digerido (a partir de las 13:00, cuando salga y haya asumido que he salido, diré si la deducción natural estaba metabolizada o no).

Por suerte me consuela pensar que me queda junio. Junio. Aqui tenemos los examenes en mayo y las recuperaciones en junio… y en septiembre. El espacio europeo de educación superior es estupendo.

Y a mí me da el miedo escénico ante la hoja llena de problemas. Pero bueno, es el último (o penúltimo, siendo realista/dramática), ahora sólo quedarán los fascinantes exámenes de oposición, ese universo desconocido.
Creo (quiero creer) que eso consuela.

[Por cierto, de la gastroenteritis, bien, gracias]

Ya de paso aprovecho para agradecer desde el fondo de mi corazón (y de mi bazo, si hace falta) a las dos personas, una jurídica y una física, que me han dado fuerzas sobrehumanas para estudiar. La persona física se da por aludida ella sola, como persona física estupenda que es. La persona jurídica a la que tanto le debo es a Saimaza, y a su estupendo café de máquina. Gracias.
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Suerte, sobre todo, pa’mi.

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