Ayer acabé mis exámenes (por ahora…)y el cuerpo me pedía dormir. Echarme una siesta de esas de pijama, baba callendo, desorientación al despertar… una siesta de competición.

Pero ocurrió que a la hora de la sacrosanta siesta mi casero, que como todos los caseros, está entrenado en dar por saco, vino a enseñar el piso.

No parecerá esto nada dramático si no fuera por varios motivos:
– Al señor casero le dije que el piso lo enseñase a partir del jueves.
-Al señor casero le dije que a partir del jueves, el piso se enseñaba de 3 a 5 (p.m. hora Española peninsular)
-Y al señor casero le da igual ocho que ochenta, porque amparandose en el “Ay, moza, si son cinco minutos, enseño el piso y nos vamos…” y ya lo tienes metido en el salón con una troupe de pipiolos de primer año omnuvilados por las maravillas de una terraza que luego es una castaña pilonga.
¿Y a eso, qué le digo yo? ¿Lo echo de casa a escobazos? No. Me aguanto porque soy gilipollas. Gilipollas integral.

Esto fue el martes… a las 6 de la tarde… y yo en vez de dormir la siesta, tenía que estudiar.

Ayer ya ni vino, simplemente mandaba a los inquilinos solos. Y me tocó a mi enseñarles el piso y… SUS BONDADES: “El horno me lo llevo, igual que la sandwichera, la batidora, y todo lo bueno y bello que veis en la cocina, y en toda la casa por extensión. El baño huele a muerto según le hayan sentado las judias al del cuarto, y los azulejos, que tuvimos que pegar con Acuaplast, ahora vuelven a caerse como hojas en otoño. Los interruptores de la luz son trampas mortales… trampas como las que tendreis que poner para que no se os coman las hormigas (aqui enseño alguna de las ronchas purulentas que me quedan del ataque, para darle dramatismo al tema). ¿De luz… cuánto pagamos? Ahora poco, pero en invierno, cuando tengais que poner la estufa a todo dar porque la calefaccion central está averiada y se cuele el frio por las ventanas de mierda, pagareis riñón y medio. Y por cierto… en la terraza, sólo da el sol de junio a septiembre… y seguramente esteis en vuestras casas de vacaciones, pero por lo demás… el piso está bien”

Y direis que simplemente, podría no abrirles la puerta a los que vienen, pero cómo insisten los jodíos… Qué primero timbran en el telefonillo hasta dejar tatuadas las huellas dactilares en el metal del timbre, luego alguien les abrirá el portal, y suben a timbrarte a la puerta… PERO COÑO, SI NO TE HE ABIERTO ABAJO, CREES QUE TE VOY A ABRIR ARRIBA, SI NO ESTOY (o finjo no estar… que es mi caso).
Y luego vuelven abajo, al telefonillo. A la gente le falta un hervor largo.

Así que nada, la gilipollas esta, que primero, cabreada como una mona tras la primera tanda de timbrazos se fue de casa a sacar fotos, a la segunda remesa, rondando ya las siete de la tarde, les abre la puerta, y les cuenta todo lo que le sale del alma.

El casero no alquilará este piso en la vida, si está en mi mano impedirlo.

Buena soy yo cuando me joden la siesta.

[y hoy, empiezo a poner etiquetas en el blog!]

uzis_siesta

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