LLega un dia en la vida de toda mujer, hombre, animal o fitoplacton, en el que la naturaleza le grita imperiosa y seductoramente desde lo mas profundo de su ser:

–¡HAZ TU PROPIO MUESLI!

Y es evidente que no se puede ir contra la naturaleza.

Entonces es cuando decides buscar en Internet todas las recetas de muesli habidas y por haber, leer  los ingredientes de todos los mueslis preparados del mercado, pensar qué te gustaría comer si fueras un pollo campero y te alimentases de cereales y semillas…

Y una vez claro esto,  decides los ingredientes (naturalemente exentos de gluten, por supuesto) que te apetece desayunar, merendar y cenar en los proximos meses.

Los ingredientes en este caso son:

– copos de maiz

– copos de arroz

– arroz integral inflado

– quinoa hinchada

– mijo inflado

– nueces pacanas (un lujo exotico), avellanas y piña deshidratada

El siguiente paso es irse al herbolario de confianza, decirle a la Paqui (nombre ficticio para preservar su intimidad):

– Paqui, ponme todo lo de la lista, que me voy a hacer muesli.

(A Paqui no le parece en principio muy bien, porque intuye que dejaré de comprarle cereales de desayuno durante algun tiempo. Luego se da cuenta de que con el arsenal de pienso para pollos que me llevo, le compensa. )

El proceso de fabricación del muesli es sencillisimo: coges al azar un poco de esto, un poco de aquello, otro poco de lo de más allá, picas los frutos secos y la piña con la picadora, lo mezclas todo bien, y listo. El resultado (en una taza, con leche desnatada y una cuchara) , es este:

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Y encima está rico, oye.

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