No, no es alemán. Ni siquiera holandés.

Es un término complejo que podría definirse así: “fin de semana que comienza con una frenética preparación de tuperwares con diversos contenidos para los más variopintos fines”.

Y es que cuando una es una amantísima madre de sus cobayitas, y se va de fin de semana a casa del supernovio (a la que no puede llevárselas), necesita dejarlo todo atado y bien atado. Lo que significa dejar los pertinentes tupperwares rebosantes de deliciosas verduritas cortadas, a punto para que el alma caritativa de turno (mi compañera de piso), se las de a las fieras corrupias a la hora de comer.

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Y además, cuando una va a casa agena, por muy invitada que sea, necesita llevar algo que la haga quedar más como una reina agradecida, y menos como una liendre o garrapata. Lo que significa hacer también otro tupperware, este de galletas (las de la entrada anterior), para deleitar a la familia política, que a esos también se les gana por el estómago.

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Sólo queda finiquitar la maleta (que podría considerarse incluso como otro tupperware… con cremallera), y estaré lista para huir rumbo noroeste. Ay, qué ganas…

De banda sonora tenemos:

 

PD: Hoy las cobayas tienen algo que decir:

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