Vine aquí porque alguien me lo dijo. Alguien que me vendió un lugar con piedras doradas, con las mejores librerías y los mejores lupanares.

Y me llené de piedras doradas, y visité durante un tiempo los más oscuros lupanares, y de vez en cuando asalté alguna librería de viejo para comprar ediciones malísimas por dos euros. Cumplí bastante bien esas misiones.

Vine aquí hace ya mucho tiempo. Más tiempo del que invierte otra gente en estar aquí.  Más tiempo del que quizás debería haber invertido… o quizás fue el tiempo justo y preciso para completar el proceso que empezó un 22 de septiembre.  Al día siguiente era mi cumpleaños. El día anterior, me habían quitado la ortodoncia.

Llegué siendo absolutamente pava. En mi haber, para impresionar, contaba con las rentas literarias de dos años de bachillerato. Sólo impresioné a una persona, a la única que pasaba de leer chorradas. Ahora considero a esa persona una hermana.

Fui dando tumbos, de moda en moda, de estilo en estilo, de grupo en grupo. Pasé de escuchar Hora Zulú y llevar pantalones anchos y collares de perro, a Nacho Vegas, pantalones pitillo y gafas de pasta.

Dejé de escribir y me volví prolífica varias veces. Un fotolog, este blog, proyectos de los que deserté, aventuras que fracasaron…  dan cuenta de mis momentos álgidos.

Conocí internet y sus entresijos. A mí, que me daba miedo pulsar la @ por si destruía algo, ahora no hay quien me despegue de las redes sociales. De lo que he sacado en conclusión de mis andanzas en la red de redes podría hablarse largo y tendido, y quizás se haga algún día, cuando cierren internet para siempre, o cuando Google se convierta en Skynet y quiera jodernos vivos a todos los humanos.

Refiné mi cocina y conseguí en algunos momentos ser una perfecta Biddy *, siempre que el público lo merecía.  Ñoquis de patata con salsa de tomate y gambas, magdalenas, tiramisú, pollo con tomillo y limón, empanada de atún, lentejas, bizcocho “instantáneo” de microondas, galletas, mermelada… incluso, como último hito, un sushi bastante aceptable. Y siempre los mismos nervios con las visitas y la misma sensación de que “recibir” en casa es un examen que necesito imperiosamente pasar con nota…

Adopté una agapornis chillona que entró por la ventana de la cocina y recibí de ella, con agrado, todo el afecto que un pájaro puede dar (que, sorprendentemente, es bastante), algunos picotazos, y siete huevos, antes de que se fuera volando como vino. Para superar el vacío que dejó esa huida me hice cargo de un par de cobayas (Uzi primero, y un año después, Dos) , lo que me permitió descubrir que lo mío son los roedores,  que en la mirada absorta de unos ojos como conguitos se pueden percibir cosas insospechadas, y que un “cuiiii cuiiii” a las siete de la mañana jode un huevo,  pero a veces se convierte en un dulce despertar , si sabes que lo hacen esos dos bichos culigordos que se pone a dos patitas, hacen que te rías con sus monerías y parece que hasta te quieren, aunque sólo sea porque les das comida.

Me perdí y volví a encontrarme. Llené una mochila emocional de dramas domésticos, escondí cadáveres en el armario e incendié unas cuantas habitaciones de motel. Luego me di cuenta de que aquello no era vida. Barrí las cenizas, di cristiana sepultura a los cadáveres, y tiré la mochila y sus dramas a la basura.

Exorcicé fantasmas del pasado, en sueños en los que agarro de los pelos a gente que me ha jodido en algún momento de mi vida y descargo toda la rabia contenida en años.  Y me siento mucho mejor, mucho más libre.  He pasado de no saber pegar (en sueños) a meter unos sopapos como panes de kilo (en sueños también). Eso sí que es superación personal.

Conocí, suerte que tiene una, a mucha gente, y muy variada. Frikis y freaks, pijas, misteriosos hombres sin nombre,  compañer@s de clase muy eficientes,  fans de eurovisión, DJs que se vendían a cambio de chupachuses, filólogos cojos, informáticos dentro y fuera del armario, extremeños, psicólogas, “bellartistas” criadoras de peces del facebook…  Todo gente buena. O buena gente, que no es siempre es necesariamente lo mismo.

Y conocí a gente realmente malintencionada. Gente cuya diversión parecía ser intentar hundirme. No lo lograron, sólo me hicieron más fuerte. Ahora poco hay que realmente me afecte.

Conseguí buenos amigos y amigas. Los primeros amigos y amigas  de verdad que he tenido en mi vida.  Personas que me han cuidado y que se han dejado cuidar por mí. Personas que han hecho de mi mejor persona. Gente a la que realmente quiero porque se lo merecen, a la que echaré de menos en el día a día, y con la que intentaré mantener el contacto cueste lo que cueste.

Y sobre todo, estando aquí conocí a la persona que ha hecho que todo haya mejorado sustancialmente en los últimos tres años, y que hará que todo vaya a mejor en los años que queden, que serán muchos. Encontrar a un hombre,  a estas alturas,  que sea realmente un espejo en el que mirarse y un ejemplo de lo que considero que ha de ser una persona buena y cabal no es fácil, pero yo lo he encontrado, y no me van a despegar de él ni con Fairy y agua hirviendo. En él está parte del impulso necesario para iniciar este cambio, y nunca he estado más segura de una decisión como lo estoy de esta. Tengo grandes expectativas y muchas ganas de que esto salga bien, y pensar en lo mucho que quiero a este señor ingeniero mío  hace que sienta mariposas en el estómago y me de la risa floja… aiiis, qué moñas me he vuelto…

No me arrepiento de nada de lo que he hecho [salvo del daño que haya podido causar] porque lo que no me ha matado me ha hecho más fuerte, y está visto que ya que no estoy muerta, debo ser poderosísima. Mariposa con reactores nucleares en las alas, me dijo alguien una vez.

Lo que realmente vine a hacer aquí, visto en perspectiva, es secundario. Me desilusioné y volví a ilusionarme porque no quedaba otro remedio. Y (casi) lo terminé con éxito. Y sí, soy  (casi) licenciada [me falta medio crédito, arghsfs, qué rabia]. Pero también soy persona, novia, compañera, amiga, adiestradora de cobayas, granjera en el “country story”, mamá-gallina…

He conseguido mucho aquí. Pero este tiempo se acabó.

Las piedras de oro estarán ahí para cuando quiera volver a verlas. Lupanares y librerías hay en todas partes. Lo mejor que he encontrado aquí son las personas, y las personas se vienen conmigo, porque forman parte de quien soy.

Pronto empezará un nuevo tiempo.

Muchas gracias. A todos. Por todo.

[*Lean Superviviente, de Chuck Palahniuk, y lo entenderán.]

Anuncios