[Rescatado del fotolog y los buenos viejos tiempos]

Vivo en un andamio desde hace tiempo. No tengo casa, por eso estoy aquí. Tampoco tengo dinero, ni familia. Parece que he aparecido aquí de repente, por generación espontánea…Pero no es así. Hubo un tiempo pasado, que como todos, fue mejor… Mejor olvidarlo.

Vivo en un andamio, a la altura de un quinto piso. Por las noches, cuando me levanto a por agua, medio dormido, me caigo.
Lo peor de todo es volver a subir, con los órganos internos reventados…escuece un poco.

Por las noches, cuando, cambiando de postura, me giro hacia el lado equivocado, me caigo.
Lo peor de todo es volver a subir, con los huesos rotos, tengo poquita fuerza. A veces me tengo que quedar a dormir en el tercero.

Hace algún tiempo, mi vida en el andamio cambió. Puse una tela metálica, como de gallinero, para evitar caerme. Era muy bonita, incluso colgué un tiesto con geranios. El andamio al fin parecía un hogar.

Pero hubo un problema, como siempre que crees que algo va a cambiar a mejor. Las palomas, gorriones, estorninos, alimoches, autillos, colibríes y demás aves se posaban y me llenaban de caquitas los domingos, cuando yo me quedaba un ratillo durmiendo la mañana.

Estaba harto de las cacas de pájaro, pero me di cuenta, leyendo la prensa financiera, de que podría hacer negocio vendiendo guano a buen precio. Así lo hice. Recogí las caquitas de paloma.

Fui rico durante un tiempo, mi familia volvió, yo tuve una casa, un coche, un bloody mary, un mayordomo inglés y una criada filipina. Parecía que todo volvía a ir bien.

Dejé el andamio, y los pájaros no podían venir a cagarme encima, en mi chalet de las Rozas, porque el mayordomo y la filipina los espantaban, los niños rubios y repelentes les tiraban piedras y muñequitos de playmobil, y mi esposa chillaba horrorizada al verlos. Sin embargo yo dormía feliz la mañana los domingos, mientras mi mujer y los niños, católicos y conserveros iban a los oficios religiosos.

Un día decidí comprobar mis reservas de guano, y ya no quedaba apenas. Al no haber andamio no había pájaros, ni mierdas, ni nada. Pero me dio igual, tenía una familia y era feliz. Durante la cena, comiendo pulardas al jerez, informé a mi mujer de que a partir de entonces, ella trabajaría y yo me rascaría los huevos a dos manos, que ya estaba bien de tanta mierda.

Antes de acabar de decir nada, ya estaba en la calle, con lo puesto y sin pulardas. Me volví a mirar y uno de los niños me tiró un playmobil pirata que me dio en un ojo. No me hizo demasiado daño…físico.

Volví al andamio, la tela metálica seguía ahí, pero el geranio estaba seco. Tiré el tiesto al vacío, y le di a una señora con abrigo de pieles que pasaba por debajo. Me escondí, y reí para mis adentros, se lo merecía.

El domingo por la mañana, bien arropado por el diario Expansión del día anterior, recibí una lluvia de mierda de pájaro que me llenó de satisfacción. Ellos, las aves, a pesar de que había renegado de ellos, seguían ahí, dispuestos a darme lo único que podían, que era un montón de mierda. Sonreí agradecido y les eché unas miguitas de bollycao.

La vida en el andamio no es tan mala.

 

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