Para empezar con sinceridad y buenos alimentos, lo del título es publicidad engañosa, en realidad más que un retorno es una conclusión. Pero ya habéis entrado, ya tengo una visita más para engordar mi ego (que preocupantemente engorda más despacio que mi culo), y yo me quedo tan tranquila.

Recordaréis, queridos lectores (los tres)… bueno, qué vais a recordar, si dudo mucho que le hubieráis prestado atención a una entrada sobre el fascinante universo del ganchillo/crochet/ esa cosa de viejas… Aiiiisss, qué cruz 🙂

Pues eso, que hace tiempo hablé en el blog de mi intención de comenzar a tejer una colcha “granny square”… Seleccioné el patrón, compré dos toneladas de lanas en los chinos, me encomendé a Penélope (esposa de Ulises, fan de “petitpoint”, tejedora por antonomasia), y me puse al lío. A por la colcha.

Ganchillé día y noche, hasta completar la escalofriante, dantesca, apabullante, tremenda, terrible… PEDRO PIQUERAS, CÁLLATE YA… cifra de 90 cuadritos. Que se dice pronto.

Sin embargo, niños, niñas y mascotas de la casa, las cosas no son como empiezan, sino como acaban, y la colcha…ahora es un poncho.

El Poncho ™

Un poncho absolutamente lisérgico, colorista, abrigoso (porque abriga), pesado como una mula muerta, cuasi perroflautico (faltan un puñado de pulgas y unas pinceladas de mugre añeja), y  en resumidas cuentas absolutamente genial. Y no es porque yo lo haya hecho, es porque ha quedado de maravilla. Estoy muy orgullosa de mi poncho.

¿Me lo voy a poner para salir a la calle? Sí. ¿Me apedreará la masa enfurecida al verme? Probablemente. ¿ Me imporará? Una puta mierda. ¿Por qué? Porque yo he sido capaz de hacer un poncho con mis propias zarpas plantígradas, y vosostros no MWAHAHAHAHAHAHAH!!!

Por cierto, si os mola… no admito encargos. Prefiero fometar el autoempleo, así que quien quiera uno que se lo haga. Eso sí, si me necesitáis,  yo estoy aquí 24/7 (más o menos), dispuesta a responder dudas. Que tampoco soy tan borde.

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