Esta tarde he visto cosas que vosotros no creeríais.

Esta tarde he visto como se materializaba, ante mis ojos, el sueño que todos hemos tenido en nuestra infancia alguna vez (en una infancia normal, no de niño tiquismiquis y rarito).

Esta tarde…

HE VISTO A UN NIÑO CAZAR UNA PALOMA

Si, lectores (los tres, quizás cuatro), si. He visto a un crío de unos 6 años correr hacia su madre con una rata del aire espachurrada entre sus manitas, y una sonrisa de oreja a oreja.

Y también presencié, y esto es lo importante, el proceso de la caza, si bien no desde su inicio mismo, si en el momento álgido y su conclusión.

La escena es como sigue:

En medio de una de las principales plazas de este villorrio de mala muerte con ínfulas de capital de provincia (hoy estoy resentida con el clima pontevedrés, reclamaciones al maestro armero), un niño rodeado de una marabunta gris de patas, picos, plumas y sarna, vacía una bolsita de semillas que probablemente su madre le acaba de comprar en el kiosco.

La vacía completamente.

Nada de echar a poquitos, ni de esparcir el alimento de las aves. No. Todo en un montón, justo frente a sus piececitos, que ya no se ven, rodeados como están de palomas que se agolpan frenéticas, unas sobre otras, alrededor del montoncito de semillas.

Entonces, en esa marabunta, el niño, en sólo dos decididos gestos, consigue el milagro: se agacha, y sin pensar, cierra sus manitas sobre uno de esos bichos voladores, atrapándolo.

Y corre a mostrarle su presa a una madre que habla distraída por el móvil, ajena a ese hijo suyo, ese pequeño héroe cotidiano , que inteligentemente ha conseguido lo que otros niños no logran jamás, a pesar de pasarse tardes enteras intentándolo: cazar una puta paloma.

Era la viva imagen de la satisfacción, del triunfo, de la superación personal.

Ante esa escena no pude sino sonreír, y maravillarme. Y, por qué no decirlo, sentir que se renovaba mi fe en la raza humana. Toda la vida viendo a críos (yo me incluyo entre ellos), que han tratado de cazar a las palomas corriendo tras ellas, o engañándolas con medio risketto, para recibir así de pronto un bofetón de sentido común de un niño que lo vio claro: no se puede focalizar el esfuerzo en una sola paloma, hay que distraerlas a todas, confundirlas, y aprovechar el momento para atrapar una, cualquiera, porque en el fondo, todas las palomas son iguales.

El lunes ese niño fardará en el patio del cole de su hazaña, y un imbécil con una Nintendo 3DS le quitará el protagonismo.

Por eso mismo siento la necesidad contar esta anécdota que me ha impactado e ilusionado a partes iguales. Porque cosas así no se ven todos los días, y aún así lamentablemente pasarán desapercibidas y se perderán para siempre si nadie deja constancia de ellas.

 

 

 

Esta, dirían los rancios, es la España que nos deja ZP 😛

 

La paloma hoy ha dejado de ser el rival invencible que era.

 

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