Disclaimer gordísimo: esto es mi opinión personal, y como los culos,  todos tenemos una. Yo te enseño la mía, y puede gustarte o no,  así que si no quieres, no mires. No son dogmas de fe, porque yo no trabajo ese género, no soy el papa Mazinger ni creo que me quedaran bien sus vestiditos. Si mi opinión personal no te gusta, puedes expresar la tuya propia en los comentarios, libremente y tratando de ofender lo menos que puedas, aunque se vale ofender un poquito si no eres capaz de hacerlo “offense-free”, soy tolerante a ese respecto. Si me vas a tratar de convencer de algo, has de saber que me gustan mucho los datos (serios, contrastados… no me vale la opinión de tu tía Merchi, por muy maja que sea) y el sentido común me pone perraca, pero tampoco esperes venderme la moto a la primera, ni a la segunda. Gracias, … y al lío.

Estamos en campaña electoral, y yo ya me he cabreado. Siempre me pasa. Con la pegada de carteles se me pone la bilis por las nubes y sigo así hasta una semana después de conocer los resultados de las elecciones, incluso más, según sean los resultados.

Conforme voy madurando (o convirtiéndome en una vieja chocha, que es lo mismo), voy interesándome cada vez más por la política. Si bien antes, hace unos años era algo que ni fú ni fá, ahora lo tengo bastante presente, sobre todo en fechas pre-electorales, principalmente por ir previendo quién me va a dar por culo, cuándo, con qué, y si luego me va a dar un besito o no. Disculpen, pero me gusta saber esas cosas.

Lo curioso es que a pesar de no importarme demasiado el tema, siempre he tenido una tendencia natural hacia la izquierda, que me gusta llamar “sano uso del sentido común de las clases trabajadoras y sus descendientes”. No sé dónde leí, ni quién lo dijo, que no hay nada más absurdo que un obrero votando a la derecha, y lo subscribo totalmente.

Recuerdo que en mi tierna infancia (hace na’ y menos, quince días 🙂 ), en el colegio unas compañeras y servidora coreábamos en el recreo, en la inconsciencia que da ser inocentes criaturas “Aznar no te quiero, yo soy de Zapatero”. Pues de ahí, más a la izquierda… un poco más… un poco… no tanto… ahí, justo ahí es donde estoy posicionada ahora.

Ojo, que no digo que lo que proponen los que se han llevado ya mi voto (voté por correo justo despues de ver el debate-pantomima-ytumásytumás) me guste al 100%, que hay mucha cosa magufa y abraza-árboles que no me gusta (sobre los magufos, los abraza-árboles, la biodanza y el 15M hablaré en el próximo acto). Pero como son los únicos de los que he visto con mis propios ojos unas propuestas que me encajan en lo que yo entiendo como sentido común, pues allá que voy yo, y allá que va mi voto certificado. Por eso, y porque Llamazares viaja en Alsa, que yo lo sé. Y un político que va en autobús es un político que mola.

Lo que me cabrea es que para votar mucha gente se mete a rosca en el culo el sentido común, no sé bien si para no verlo y que no les recuerde su propia desfachatez, o bien porque les da gustico tenerlo ahí. Estoy convencida de ello. Basta ver las encuestas de intención de voto, o las entrevistas a pie de calle que hacen distintos medios a ciudadanos de a pie, señoras que vuelven de la compra con un manojo de puerros asomando en el carrito, parados, primos, amigos y demás familia. Veo a esa gente responder lo que responden, y me dan ganas de dar sopapos hasta borrarme las huellas dactilares de la mano. Lo digo en serio, me cabrea que haya suelta por el mundo, como vaca sin cencerro, gente que ni tiene idea ni se molesta en tenerla, y que su voto cuente tanto como el mío. Me encabrona mucho.

También me cabrea que me mientan. Sé que eso es consustancial al político, pero en mi interior sé que no debería ser así. Aplaudiría con las orejas si los programas electorales fueran de carácter contractual o si los políticos cobrasen en función de los objetivos cumplidos. También me gustaría que mi voto y, si, también el de los otros cenutrios mencionados en el párrafo anterior, contase igual que el de cualquier otro cenutrio, independientemente de la nacionalidad histórica de este país llamado Mistol, digo España en la que se encuentre. Y me hubiera gustado un debate televisado plural y no pactado, no dos monólogos plagados de evocaciones a cualquier tiempo pasado, que según quien lo mencione fue mejor o mucho peor, demasiados “y tú más, y tú peor”, “insidias” a cascoporro y preguntas sin respuesta. Porque lo de que no se mencionaran en ningún momento los casos de corrupción de uno u otro lado de la mesa, me huele a que los muertos del armario de unos y otros es algo que ambos, por su propio bien (no el del ciudadano con interés en saber), prefieren mantener tapado.

Y mientras unos nos explican que lo que se nos viene encima es mendigar a “los mercados” para que no nos achuchen mucho, que nos la vayan metiendo poquito a poco y con vaselina, los otros, que se llenan la boca mentando al cambio, también se la llenan, y perdonen el símil soez, comiéndoles el rabo a los susodichos mercados, que a buen seguro, en uno y otro caso les tienen reservado, pase lo que pase, un “puestín” en algún consejo de administración.

Por todo esto, a veces, en broma, fantaseo con un régimen político en el que yo mandara con mano de hierro, sin guante de terciopelo ni zarandajas, dando collejas a rodabrazo, expropiando todo lo expropiable, con una guillotina en cada plaza pública, y con un gulag en Murcia para la reeducación de cenutrios. Lo de Murcia aún no está claro…

En el próximo acto explicaré mis impresiones sobre lo que significó el 15M en las pasadas elecciones de mayo, y lo que creo que significará en estas; mi realidad (que la realidad es una cosa también muy subjetiva, hoygan) electoral de Asturias, y… bueno, lo que se me ocurra sobre la marcha.

Continuará…

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