Disclaimer king-size: ¿Se acuerdan ustedes del disclaimer de otro día? Pues hoy igual. Y añadir que si alguien se siente ofendido por mis afirmaciones… que se compre a mi cuenta unos caramelitos de fresa, o un chupachus de los de chicle, y tal. Gracias, y una vez más, al lío.

Spain is pain. Esto lo leí el otro día en el feisbu, y me parece una gran verdad.

España es un sitio que a poco que tengas algo de sentido, ya sea común, del (buen) gusto, o de la decencia, hace que se te caiga la cara de vergüenza ajena al suelo y te la pisoteen todos y cada uno de los ñus del Massai-Mara.  Algún día (cuando tenga un bunker para esconderme y provisiones para varios años) hablaré de cómo creo que llevamos siendo una mierda de país más o menos desde los Reyes Católicos, y con ello me granjearé un puñao de enemistades. ¿Pero eso me importa? No.

Sin embargo, en contadas ocasiones he llegado a sentir un pellizquito de orgullo “nacional”, aunque la palabra nacional me da mucho repelús, y me recuerda a Paquito, a la bandera con el pollo, y a los collares de perlas… No fue, como supondrán, cuando ganamos el mundial, aunque mucha gente se comportó entonces como si a todos nos hubieran invitado a una mariscada perpetua, y transmisible por herencia a todos nuestros descendientes de las próximas cuatro generaciones. Eso me dio 50% lástima 50% vergüenza más una cantidad indeterminada de excipientes.

Fue el 15 de mayo de este año. Ahí empecé a creer que quedaba un poco de sitio para la fe en los españoles. Movimientos como Democracia Real Ya o NoLesVotes, y todas esas asambleas proponiendo soluciones y pidiendo cambios fueron como un rayo de luz iluminando una tenebrosa oscuridad en la que resuenan de fondo las risotadas de Jorge Javier Vázquez, y los “¡m’entiendes!” ladrados por la princesa del pueblo.

Sin embargo todo eso que yo veía bullir en las redes sociales y en las plazas no se reflejó luego en las urnas. Y no queráis saber cómo me dio por saco… Vi perpleja cómo montones de personas votaban nulo, o en blanco, sin ser conscientes de qué implicaba esa decisión, argumentando que eso era lo que defendía el 15M… Cuando lo que, al menos a mi entender, se había propuesto, es que cada cual votase en conciencia, sí, pero a algo que no beneficiase, gracias a nuestra chupi piruli ley electoral, a los (2) partidos mayoritarios.

Después del 15 de mayo llegaron las acampadas, y las asambleas. Y en ellas, gente de toda clase, concidión, credo y pelaje se juntaba y opinaba. Y realizaban actividades. Y proponían.

Hasta ahí, guay. Pero empezaron a salirme fístulas purulentas por todo el cuerpo cuando empecé a ver algunas de las actividades, cuando empecé a leer “manifiestos”  plagados de @s al final de las palabras… cuando algunas cosas empezaron a olerme a magufo y a abraza-árboles. Vale que era mayo, y se estaba muy bien en la calle, y todo el mundo iba las plazas con la mejor intención del mundo, pero en mi opinión, las asambleas de espiritualidad, las meditaciones, los cuencos tibetanos, la biodanza y demás chuminadas, pegan en un movimiento de este tipo tanto como un cilicio apretao, una procesión con nazarenos o rezarse un rosario entero, misterios gozosos incluidos… A ver, que yo no tengo nada en contra de la gente que es así, pobrecicos ellos, bastante tienen con lo suyo, pero me “irrita” que asomen los hociquillos y puedan llegar a desvirtuar cosas que a mi entender deberían centrarse en unos mínimos, y que cada cual luego, en su casa, adore a la Pachamama, a la Virgen de las Angustias Pertinaces, se homeopatice vivo o se de friegas… quiero decir, se haga reiki de ese.

Y claro, luego pasa lo que pasa, que va “la gaviota” y arrasa (joder, qué poetisa estoy hecha, copón copín y copete)

Por suerte, para estas generales parece que se ha escarmentado un poco. Visto que el rebaño hispánico, si no les dicen clarito lo que tienen que hacer, de su sentido común y por sus propios medios no va a salir hacerlo, #AritmEtica20N les da una sugerencia de voto útil, masticado y digerible. A ver si funciona.

Sin embargo, aún hay que luchar contra ordas de señoras mayores con visón y perro pekinés que votan en masa a los nietos de los que ganaron la guerra (sí, hamijos, recuerden que Fraga, fundador de Alianza Popular, luego Partido Popular, fue ministro de Paquito… lo mismito que si Hitler hubiera ganado la guerra, y ahora se presentase a las elecciones alemanas un partido fundado por Goebbels), y obreros cenutrios que, creyendo que el cambio sólo es posible entre “guatemala y guatepeor”,votarán a la derecha, y personitas que aún siendo de izquieras y estando desencantadas con los socialistas, votarán al PSOE por aquello del “voto (bipartidista) útil”. Vamos, imbéciles todos (ahí, haciaendo amigos jejeje)

Y en medio de toda esa vorágine de estupidez me encuentro yo (bueno, yo o cualquier individuo anónimo con dos dedos de frente y tendente a encabronarse con el mundo), debatiéndome entre el miedo a la que se nos viene encima, la esperanza de que pase un milagro que amortigüe el batacazo, y la impotencia de saber que no soy Chuck (Norris) y no puedo salir a la calle y bajar del guindo a unos cuantos a base de sopapos con la mano al bies.

Porque como dije antes Spain is pain, y es una pena.

En el próximo acto, Asturias ¿patria? ¿querida?.

Disclaimer gordísimo: esto es mi opinión personal, y como los culos,  todos tenemos una. Yo te enseño la mía, y puede gustarte o no,  así que si no quieres, no mires. No son dogmas de fe, porque yo no trabajo ese género, no soy el papa Mazinger ni creo que me quedaran bien sus vestiditos. Si mi opinión personal no te gusta, puedes expresar la tuya propia en los comentarios, libremente y tratando de ofender lo menos que puedas, aunque se vale ofender un poquito si no eres capaz de hacerlo “offense-free”, soy tolerante a ese respecto. Si me vas a tratar de convencer de algo, has de saber que me gustan mucho los datos (serios, contrastados… no me vale la opinión de tu tía Merchi, por muy maja que sea) y el sentido común me pone perraca, pero tampoco esperes venderme la moto a la primera, ni a la segunda. Gracias, … y al lío.

Estamos en campaña electoral, y yo ya me he cabreado. Siempre me pasa. Con la pegada de carteles se me pone la bilis por las nubes y sigo así hasta una semana después de conocer los resultados de las elecciones, incluso más, según sean los resultados.

Conforme voy madurando (o convirtiéndome en una vieja chocha, que es lo mismo), voy interesándome cada vez más por la política. Si bien antes, hace unos años era algo que ni fú ni fá, ahora lo tengo bastante presente, sobre todo en fechas pre-electorales, principalmente por ir previendo quién me va a dar por culo, cuándo, con qué, y si luego me va a dar un besito o no. Disculpen, pero me gusta saber esas cosas.

Lo curioso es que a pesar de no importarme demasiado el tema, siempre he tenido una tendencia natural hacia la izquierda, que me gusta llamar “sano uso del sentido común de las clases trabajadoras y sus descendientes”. No sé dónde leí, ni quién lo dijo, que no hay nada más absurdo que un obrero votando a la derecha, y lo subscribo totalmente.

Recuerdo que en mi tierna infancia (hace na’ y menos, quince días 🙂 ), en el colegio unas compañeras y servidora coreábamos en el recreo, en la inconsciencia que da ser inocentes criaturas “Aznar no te quiero, yo soy de Zapatero”. Pues de ahí, más a la izquierda… un poco más… un poco… no tanto… ahí, justo ahí es donde estoy posicionada ahora.

Ojo, que no digo que lo que proponen los que se han llevado ya mi voto (voté por correo justo despues de ver el debate-pantomima-ytumásytumás) me guste al 100%, que hay mucha cosa magufa y abraza-árboles que no me gusta (sobre los magufos, los abraza-árboles, la biodanza y el 15M hablaré en el próximo acto). Pero como son los únicos de los que he visto con mis propios ojos unas propuestas que me encajan en lo que yo entiendo como sentido común, pues allá que voy yo, y allá que va mi voto certificado. Por eso, y porque Llamazares viaja en Alsa, que yo lo sé. Y un político que va en autobús es un político que mola.

Lo que me cabrea es que para votar mucha gente se mete a rosca en el culo el sentido común, no sé bien si para no verlo y que no les recuerde su propia desfachatez, o bien porque les da gustico tenerlo ahí. Estoy convencida de ello. Basta ver las encuestas de intención de voto, o las entrevistas a pie de calle que hacen distintos medios a ciudadanos de a pie, señoras que vuelven de la compra con un manojo de puerros asomando en el carrito, parados, primos, amigos y demás familia. Veo a esa gente responder lo que responden, y me dan ganas de dar sopapos hasta borrarme las huellas dactilares de la mano. Lo digo en serio, me cabrea que haya suelta por el mundo, como vaca sin cencerro, gente que ni tiene idea ni se molesta en tenerla, y que su voto cuente tanto como el mío. Me encabrona mucho.

También me cabrea que me mientan. Sé que eso es consustancial al político, pero en mi interior sé que no debería ser así. Aplaudiría con las orejas si los programas electorales fueran de carácter contractual o si los políticos cobrasen en función de los objetivos cumplidos. También me gustaría que mi voto y, si, también el de los otros cenutrios mencionados en el párrafo anterior, contase igual que el de cualquier otro cenutrio, independientemente de la nacionalidad histórica de este país llamado Mistol, digo España en la que se encuentre. Y me hubiera gustado un debate televisado plural y no pactado, no dos monólogos plagados de evocaciones a cualquier tiempo pasado, que según quien lo mencione fue mejor o mucho peor, demasiados “y tú más, y tú peor”, “insidias” a cascoporro y preguntas sin respuesta. Porque lo de que no se mencionaran en ningún momento los casos de corrupción de uno u otro lado de la mesa, me huele a que los muertos del armario de unos y otros es algo que ambos, por su propio bien (no el del ciudadano con interés en saber), prefieren mantener tapado.

Y mientras unos nos explican que lo que se nos viene encima es mendigar a “los mercados” para que no nos achuchen mucho, que nos la vayan metiendo poquito a poco y con vaselina, los otros, que se llenan la boca mentando al cambio, también se la llenan, y perdonen el símil soez, comiéndoles el rabo a los susodichos mercados, que a buen seguro, en uno y otro caso les tienen reservado, pase lo que pase, un “puestín” en algún consejo de administración.

Por todo esto, a veces, en broma, fantaseo con un régimen político en el que yo mandara con mano de hierro, sin guante de terciopelo ni zarandajas, dando collejas a rodabrazo, expropiando todo lo expropiable, con una guillotina en cada plaza pública, y con un gulag en Murcia para la reeducación de cenutrios. Lo de Murcia aún no está claro…

En el próximo acto explicaré mis impresiones sobre lo que significó el 15M en las pasadas elecciones de mayo, y lo que creo que significará en estas; mi realidad (que la realidad es una cosa también muy subjetiva, hoygan) electoral de Asturias, y… bueno, lo que se me ocurra sobre la marcha.

Continuará…

Esta tarde he visto cosas que vosotros no creeríais.

Esta tarde he visto como se materializaba, ante mis ojos, el sueño que todos hemos tenido en nuestra infancia alguna vez (en una infancia normal, no de niño tiquismiquis y rarito).

Esta tarde…

HE VISTO A UN NIÑO CAZAR UNA PALOMA

Si, lectores (los tres, quizás cuatro), si. He visto a un crío de unos 6 años correr hacia su madre con una rata del aire espachurrada entre sus manitas, y una sonrisa de oreja a oreja.

Y también presencié, y esto es lo importante, el proceso de la caza, si bien no desde su inicio mismo, si en el momento álgido y su conclusión.

La escena es como sigue:

En medio de una de las principales plazas de este villorrio de mala muerte con ínfulas de capital de provincia (hoy estoy resentida con el clima pontevedrés, reclamaciones al maestro armero), un niño rodeado de una marabunta gris de patas, picos, plumas y sarna, vacía una bolsita de semillas que probablemente su madre le acaba de comprar en el kiosco.

La vacía completamente.

Nada de echar a poquitos, ni de esparcir el alimento de las aves. No. Todo en un montón, justo frente a sus piececitos, que ya no se ven, rodeados como están de palomas que se agolpan frenéticas, unas sobre otras, alrededor del montoncito de semillas.

Entonces, en esa marabunta, el niño, en sólo dos decididos gestos, consigue el milagro: se agacha, y sin pensar, cierra sus manitas sobre uno de esos bichos voladores, atrapándolo.

Y corre a mostrarle su presa a una madre que habla distraída por el móvil, ajena a ese hijo suyo, ese pequeño héroe cotidiano , que inteligentemente ha conseguido lo que otros niños no logran jamás, a pesar de pasarse tardes enteras intentándolo: cazar una puta paloma.

Era la viva imagen de la satisfacción, del triunfo, de la superación personal.

Ante esa escena no pude sino sonreír, y maravillarme. Y, por qué no decirlo, sentir que se renovaba mi fe en la raza humana. Toda la vida viendo a críos (yo me incluyo entre ellos), que han tratado de cazar a las palomas corriendo tras ellas, o engañándolas con medio risketto, para recibir así de pronto un bofetón de sentido común de un niño que lo vio claro: no se puede focalizar el esfuerzo en una sola paloma, hay que distraerlas a todas, confundirlas, y aprovechar el momento para atrapar una, cualquiera, porque en el fondo, todas las palomas son iguales.

El lunes ese niño fardará en el patio del cole de su hazaña, y un imbécil con una Nintendo 3DS le quitará el protagonismo.

Por eso mismo siento la necesidad contar esta anécdota que me ha impactado e ilusionado a partes iguales. Porque cosas así no se ven todos los días, y aún así lamentablemente pasarán desapercibidas y se perderán para siempre si nadie deja constancia de ellas.

 

 

 

Esta, dirían los rancios, es la España que nos deja ZP 😛

 

La paloma hoy ha dejado de ser el rival invencible que era.

 

He perdonado a Nacho Vegas. Siempre le acabo perdonando, aunque la de la última vez (el concierto en Pontevedra, la “guaya” al tío de las gafas…algún día contaré esa historia, o al menos, mi versión) fue una cosa seria. Tan seria que estamos a octubre, y el concierto fue en mayo.

He de reconocer que he pasado mono. Como cuando dejas a alguien y luego piensas en él de vez en cuando y te dices “si le llamo, ¿pasará algo?”. Pero seguí en mis trece, y como mucho, me limité a canturrear algunas estrofas mientras fregaba los platos o barría bajo el sofá. Nada de escucharlo en casa, nada de llevármelo de paseo en el mp3. Estaba muy enfadada con su comportamiento. Que se puede ser un astro rutilante del indie patrio, que se puede ser un “maldito” y un “decadente”, que te puedes morir y resucitar en el escenario las veces que te salgan del sobaco, pero… de ahí a tocar al fan incondicional hay un abismo infranqueable, y si intentas pasar sobre él, te caes, te mueres y el fan pasa de tu culo. Esto es así.

Sin embargo, no sé enfadarme eternamente con casi nadie. Puedo ser rencorosa durante muchísimo tiempo, eso sí. Pero enfadada de no te hablo, no te “ajunto”, “quitapallá”… casi nunca.

Así que el otro día vi en un twitt de no recuerdo quién que Nacho había cecido una canción de su próximo miniLp a la fundación Robo*. Una canción que se podía descargar by-the-face y que sonaba a himno del movimiento 15-M: Cómo hacer crac.

Y sentí curiosidad, y la escuché, y… bueno, lo que pasa siempre, no tuve más remedio que apearme de la burra y admitir que a pesar de sus cositas (algunas difíciles de aceptar), Nacho es un grande.

“… y una niña susurra a tu oído

que han deshauciado a la familia Botín…”

* Robo es un filón, una mina de himnos, o un museo de himnos, o un puñado de himnos muy bien escogidos. Le estais echando una oreja pero ya. Robo, señoras y señores.

Hubo un tiempo en el que fuí más de pluma que de pelo. En cuanto a animales de compañía se refiere, claro. Y en el piso en que que vivía teníamos a esta bicha, Federica:

Las mascotas tienden a parecerse a sus dueños.

Un día entró por la ventana, y se quedó con nosotras, dando por culo 24/7, comiéndose los marcos de las puertas, volando libre por la casa, arrancando teclas de portátiles, y tratando de anidar en las cortinas del salón. Fueron tiempos felices. Pero la felicidad duró poco.

Después de que Federica, mi agapornis alcoholica, se fugara volando por la ventana, el vacío mascotil se apoderó de mi vida. Fueron tiempos tristes, oscuros… como un domingo por la tarde para un EMO.

Pero aquello no podía sostenerse. Y empecé a pensar en buscar otro bicho al que torturar al que querer, mimar y cuidar mucho muchito.

¿Un mono? ¿Una boa constrictor? ¿Un gamusino? ¿Un unicornio rosa? De entre todas las posibilidades, esta serie me dió la idea:

Oruchuban Ebichu, o lo que es lo mismo, Ebichu, el hamster ama de casa, abrió ante mis ojos hipermétropes el universo roedoril.

Me vi la serie entera, que por cierto, es muy muy recomendable. Con un humor tan guarrete como cafre, maltrato animal a cascoporro, fornicio aquí y allá, unos toques ternura bizarra, y un dibujo como el de ShinChan cuando está bien dibujado (no como cuando parece que lo ha dibujado un mono epiléptico), hace de este anime de 19 capítulos algo que todo el mundo debería ver un sábado por la tarde, o incluso un domingo.

Y yo pensaba “qué bonita es Ebichu, qué boba, qué inoportuna, y qué práctica, que hasta te lava las bragas…” Yo quería algo así para mí. Además, yo nunca llegaría a ser como la desgraciada de su ama, que la espachurra contra la pared a la mínima. Con insultarla un poco basta y sobra, lo demás es cebarse, hombre.

Y pensando esto , un 23 de septiembre, tal día como hoy, me fui a la tienda de animales más próxima y dije:

– ¡Quiero una Ebichu!

Me miraron como si fuera imbécil. Con razón.

Así que me fuí a una tienda de animales un poco más alejada, pero en la que todavía no había hecho el ridículo, y exclamé:

– ¡ QUIERO UNA … DE ESTAS! – señalando a las cobayas.

Y así fué como adquirí a Uzi, que si bien no es un “hamster ama de casa”, siendo tan parecida, tendría las mismas prestaciones… O eso pensaba yo.

Uzi dejando clara su postura sobre las tareas domésticas.

Resulta ser que las cobayas no te lavan las bragas, ni te limpian el polvo, ni te hacen manzanillas cuando te duele la barriguita. Las cobayas piden de comer incansablemente, chillan como Federica, y si te descuidas también se comen los marcos de las puertas y los cargadores de los móviles. Lo único bueno que tienen es que son abstemias.

Han pasado tres años desde que ví Ebichu por primera vez, y hoy mi Uzicos cumple tres añitos conmigo. Y aunque no me ha lavado las bragas ni una sola vez, no la cambio por nada del mundo.

(Bueno, y yo cumplo 27… pero esa es otra historia 🙂 )

Para empezar con sinceridad y buenos alimentos, lo del título es publicidad engañosa, en realidad más que un retorno es una conclusión. Pero ya habéis entrado, ya tengo una visita más para engordar mi ego (que preocupantemente engorda más despacio que mi culo), y yo me quedo tan tranquila.

Recordaréis, queridos lectores (los tres)… bueno, qué vais a recordar, si dudo mucho que le hubieráis prestado atención a una entrada sobre el fascinante universo del ganchillo/crochet/ esa cosa de viejas… Aiiiisss, qué cruz 🙂

Pues eso, que hace tiempo hablé en el blog de mi intención de comenzar a tejer una colcha “granny square”… Seleccioné el patrón, compré dos toneladas de lanas en los chinos, me encomendé a Penélope (esposa de Ulises, fan de “petitpoint”, tejedora por antonomasia), y me puse al lío. A por la colcha.

Ganchillé día y noche, hasta completar la escalofriante, dantesca, apabullante, tremenda, terrible… PEDRO PIQUERAS, CÁLLATE YA… cifra de 90 cuadritos. Que se dice pronto.

Sin embargo, niños, niñas y mascotas de la casa, las cosas no son como empiezan, sino como acaban, y la colcha…ahora es un poncho.

El Poncho ™

Un poncho absolutamente lisérgico, colorista, abrigoso (porque abriga), pesado como una mula muerta, cuasi perroflautico (faltan un puñado de pulgas y unas pinceladas de mugre añeja), y  en resumidas cuentas absolutamente genial. Y no es porque yo lo haya hecho, es porque ha quedado de maravilla. Estoy muy orgullosa de mi poncho.

¿Me lo voy a poner para salir a la calle? Sí. ¿Me apedreará la masa enfurecida al verme? Probablemente. ¿ Me imporará? Una puta mierda. ¿Por qué? Porque yo he sido capaz de hacer un poncho con mis propias zarpas plantígradas, y vosostros no MWAHAHAHAHAHAHAH!!!

Por cierto, si os mola… no admito encargos. Prefiero fometar el autoempleo, así que quien quiera uno que se lo haga. Eso sí, si me necesitáis,  yo estoy aquí 24/7 (más o menos), dispuesta a responder dudas. Que tampoco soy tan borde.

En Japón hay gente con mucho tiempo libre. O gente que aprovecha el tiempo mucho mejor que en occidente, y les salen días de 29 horas. Si no, yo no me explico cómo hacen estas cosas: un amigurumi-conejo y un amigurumi-oso con sendos ukeleles adaptados a su tamaño “supecuqui*”. Juntos ambos dos forman el grupo U900, y nos deleitan con conocidas melodías en los más variopintos escenarios.

Yo me quedo loca.

Y ustedes, si ven los videos, también.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

* “el tamaño supercuqui”: aquél por el cual un objeto es presentado en un tamaño muy inferior al que es habitual, y sin embargo, su cualidad de resultar “cuqui” (cute en inglés, kawai en japonés, riquiño en gallego) aumenta exponencialmente, conforme el tamaño del mismo decrece.

 

Esa frase, que da título a este post, era la característica principal que exigía a un videojuego para que resultase de mi agrado. Eran tiempos oscuros, siniestros, en los que sólo jugaba al Puzzlebubble, al Luxor, y a otros juegos en los que, como habréis supuesto ya, la enjundia consistía en juntar/agrupar/explotar/manipular/whatever bolitas de colores.

Sin embargo, tras una profunda reconversión realizada por Supernovio a base de electroshocks, videos de Intereconomía, privación sensorial, y amenazas variadas, mis miras videojueguiles se han ampliado (un poquito) ALABADO SEA EL SIMIO!

Por eso, con la valentía que da la inconsciencia que campa a sus anchas por mi escueto torrente sanguíneo, hoy me animo a hablaros, lectores míos (sí, los tres), de algunos de mis videojuegos favoritos. No esperéis una profunda review, ni extensas justificaciones de por qué debéis dejar todo lo que estéis haciendo en este mismo momento y jugar esos videojuegos inmediatamente, ni siquiera encontrareis sentido común en mis opiniones al respecto. Si quereis todo eso, el blog de Supernovio, que es el experto EXPERTO en estos temas, es el lugar al que debéis acudir. Dicho esto a modo de disclaimer, al lío.

Empecemos por el primer videojuego “colorballsfree” que me encandiló: PLANTS VS ZOMBIES. Bueno, si uno lo piensa bien, los proyectiles que lanzan las plantas encargadas de acabar con esos bonitos zombies hambrientos de cerebros son guisantes… verdes… esféricos…Vamos, que no ha sido un paso muy traumático entre un ámbito y otro. Resumiendo mucho, se trata de una especie de “tower defense” de jardín trasero más cachondo que la música de los caballitos. Muy colorista, muy cuqui, muy recomendable.

Para los amantes del sufrimiento en technicolor, la gestión de ovejas y olivos, y un apetito insaciable por odiar la Grecia clásica, el ZEUS, SEÑOR DEL OLIMPO, es el juego ideal. Después de pasar por tediosos tutoriales en los que te enseñan que en la “polis” es tan importante que no se te caiga la casa como que un filósofo te vaya a dar la chapa asiduamente, después de aprender que las cabras se plantan en terreno fértil, puedes jugar un ratito antes de acabar loco de atar con tanta cosa para gestionar, o en su defecto, puedes volverte loco antes de jugar siquiera, tirar todo por la ventana, y acurrucarte en posición fetal en un rincón, lo que más te apetezca. Podría parecer por lo que digo que este juego no me gusta en absoluto. No es que no me guste, es que me saca de quicio, y eso, ladies and gentleman, es lo que me gusta. Como todos los juegos de estrategia, el Zeus, señor del Olimpo, es un juego para masoquistas.

Ahora pongámonos en situación: tarde de domingo, resaca (si no ha resaca, no es tarde de domingo, es otra cosa), fotofobia feroz, los sonidos estridentes provocan en el cerebro derrames internos muy dolorosos… El EUFLORIA es el juego ideal para esos momentos. Colores suaves, música relajante, la suficiente acción como para no caer en coma, pero no tan frenética como para no poder echar una cabezadita en medio de la partida… Asteroides, arbolitos, semillitas, invasiones interestelares… aiiissss, qué bucólico.

Luego hay una gente que tiene el cielo de los creadores de videojuegos (donde todos son vírgenes y mártires), ganado: los señores de Amanita Desing, con MACHINARIUM, SAMOROST, y SAMOROST 2. Estas tres bellísimas aventuras gráficas llenas de puzzles, misterios, escenarios hechos de “recortes” de imágenes reales, putadas a inocentes criaturas que luego, ya que el bien siempre gana, consiguen resarcirse y te dejan la mar de contento, son también un “must” en mi lista de juegos. Y deberían serlo también de las vuestras.

Entre la estrategia y el arcade tradicional, se encuentra el FORTIX. Supernovio, que es el que sabe de esto, me dijo que cuando él era (más) joven había unos juegos parecidos, en los que despejando la superficie de juego a base de hacer rectángulos, acababas viendo a una cachonda en tetas o algo así. En el Fortix no hay cachondas en tetas, pero tampoco tiene porque ser malo. Eres un caballero medieval muy pequeñito que espada en ristre va recorriendo el mapita, conquistando territorios, esquivando cañonazos y atrapando dragones. Horas y horas de diversión. Aun sin cachondas en tetas.

Otro “tower defense” recientemente descubierto gracias a los majísimos del Humble bundle y sus ofertas incomparables es el ATOM ZOMBIE SMASHER. Ciudades infestadas que han de ser evacuadas a golpe de helicóptero, ordas de zombies rosa fucsia (zed’s en el juego), que han de ser aniquilados descargando sobre ellos fuego, azufre, fuertes escorbutos y mentiras, y la infección que ha de ser erradicada a golpe de “bombas-llama” (llama como el animal ese que es como una cabra cuellilarga sin cuernos que escupe, esa clase de llama) es lo que uno se encuentra en este juego, ambientado en una hipotética Sudamérica (comienza en la ciudad de Nuevos Aires). Múltiples configuraciones del juego, y la posibilidad de descargarse por la patilla mods a cholón, lo hacen eternamente jugable. Y la musiquita surfera, que mola un huevo y la yema del otro, pone la guinda al pastel.

Por último, pero no por ello menos importante, está el WORLD OF GOO, que debería ser convalidable por unos cuantos créditos de libre elección en cualquier la ingeniería de caminos, puentes y cosas así. Con unos moquetes de naturaleza semipetrolífera hay que construir estructuras para llegar del punto A al B, quizás pasando por el C incluso, lo cual implica en ocasiones romprese los cuernos hasta hacerse sangre. Un juegazo.

Me dejo algunos juegos en el tintero, pero hay que dejar fondo de armario para otras entradas. Espero que mi humilde e inconexa opinión os ilumine a la hora de probar a jugar cosas nuevas, que no sólo del World of Warcraft vive el hombre.

Hay gente con mucho tiempo libre, y muy poca amplitud de miras en cuanto a adquirir nuevas aficiones, que invierten su tiempo miserablemente en internet, visitando blogs como el mío. A toda esa gente que desperdicia su vida leyéndome, gracias.

Siguiendo una de esas buenas costumbres de la red, como subir fotos de tu ex en tetas, “trollear” en los comentarios del 20Minutos, o ver videos de gatitos bonitos, voy a hacer un repaso por las más variopintas búsquedas efectuadas por los que llegan aquí y se decepcionan con lo que encuentran.

Agárrense, que vienen curvas.

– Galletas de margarina: matas un perro y te llaman mataperros, pones una receta de galletas, y todos los días tienes en la puerta a 57 preguntando por más… qué sinvivir, oiga.

Cosas sólidas: así me gusta, concretando.

Aceitunas y estrellas wordpress: sobran espacios, faltan puntos, pero casi casi lo tienes, majo

Películas buenas: uy, de eso aquí no tenemos. Tenemos Samurai Reincarnation, pero películas buenas, ninguna… ese género no lo trabajamos.

Sex shop: de eso aquí no hay nada, mire usté a ver en las páginas amarillas.

Uzis: así se acabarían las guerras, cambiando las armas por roedores culigordos y esponjosos. O empezarían guerras usando cobayas como armas arrojadizas… no sé, cada vez me planteo futuros postapocalipticos más aberrantes…

Uzis de oro: igual que lo anterior, pero más hortera…

Se pueden hacer galletas con margarina: … y yo estoy aquí para demostrarselo a quien haga falta.

Cobayas feas: Las mías no, las mías son preciosas. Bueno, Uzi es preciosa, Dos … bueno, Dos tiene una  gran personalidad.

La cobaya más grande del mundo: joder, eso tiene que dar mucho mucho miedete. En South Park pasó algo parecido y lo solucionaron con una “peruvian flute band”.

Bragas con refajo: ideales para el invierno, muy abrigaditas, algo antieróticas pero muy… qué coño hago yo hablando de bragas con desconocidos!?

Trecento italiano: según llegas al Quatrocento, un poquito antes. Muy bien representado en Riti, sobre todo si cambiamos “muy bien” por “vergonzantemente mal, hasta el punto de hacer llorar a un niño jesús de escayola”.

MoÑo: así, con Ñ mayúscula, con ganas, con tronío, con salero, un moÑo espaÑol, con eÑe. CoÑÑÑÑÑÑo!

Andamio nutricional: La pirámide de los alimentos ha pasado de moda, ahora llega la revolución en la alimentación humana, llega el andamio nutricional, en el que puedes comer tantos bollicaos como piezas de fruta y verdura al día. Pruébelo, señora, su figura lo notará.

¿Se pueden hacer galletas con margarina?: si,  y ya he dicho antes que se lo demostraría a quien hiciese falta, hombre ya.

– “Kiero aver si la aceituna rebaja”: Si a lo que te refieres es a si rebaja la inteligencia humana, te confirmo que sí, que te la ha rebajado hasta límites simiescos. Enhorabuena. O para que lo entiendas, criatura: “henoragüena”

Cobaya más allá de los sueños: WTF?

Familia pobre comiendo: ¿Y eso para qué? ¿para regodearte? pero qué mala es la gente… cuánto hijoputismo…

No tolera que lo toquen: ¿No será que lo haces mal, inutil?

Ancianitas follando: Si las señoras quieren darse gusto al cuerpo, que lo hagan, pero aquí de eso ya no nos queda.

Ancianas francesas bien peludas el coño: Y aunque concretes más, y te conformes únicamente con una parte o una nacionalidad, de eso tampoco tenemos.

Pili potentorra: Pili, guapísima, Pili, tía buena, Pili, queremos un hijo tuyo… o en su defecto, saber quién eres, Pili.

Me cogieron el culo con queso: tendrás el culo “arratonao”, y eso lo explica todo. Eso es problema tuyo. Aquí no nos interesa. Circule, circule.

El Riti: el Pai y el Cabra, los colegas de Carmina Ordoñez, no?

Donde tengas la olla no metas la… cuchara: qué gran verdad, copón.

Y con este bello refrán concluye este repaso. Queda mucho más por comentar, muchas más búsquedas que te dejan con el culo torcido. Lo próximo será un especial de cobayas, que también tiene miga el tema.

Permanezcan atentos 🙂

Pongámonos en situación:

Una pareja, normal y corriente, tienen un gato.

Un día, el hombre, en un arrebato se carga al gato de una coz.

Al presenciar la escena, la mujer , impactada por acto tan inhumano, recrimina al hombre su deplorable actitud.

Y de ahí sale esta bellísima cancion de las nunca suficientemente ponderadas Vainica Doble.

Moraleja: los gatos no se compran, se adoptan.

Hale, disfrútelo con salud

Aceitunas y marmotas

  • 3/4 de verano sin llover y hoy que tendría que hacer los viajes de Willy Fog en bus/a pata, va y llueve. Me cago en mi vida entera. 2 weeks ago
  • Me estoy acordando fuerte de @Marmota_Maligna porque compaginar los horarios del puestín con los (casi nulos) horarios del bus es la risión. 2 weeks ago
agosto 2017
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