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Esa frase, que da título a este post, era la característica principal que exigía a un videojuego para que resultase de mi agrado. Eran tiempos oscuros, siniestros, en los que sólo jugaba al Puzzlebubble, al Luxor, y a otros juegos en los que, como habréis supuesto ya, la enjundia consistía en juntar/agrupar/explotar/manipular/whatever bolitas de colores.

Sin embargo, tras una profunda reconversión realizada por Supernovio a base de electroshocks, videos de Intereconomía, privación sensorial, y amenazas variadas, mis miras videojueguiles se han ampliado (un poquito) ALABADO SEA EL SIMIO!

Por eso, con la valentía que da la inconsciencia que campa a sus anchas por mi escueto torrente sanguíneo, hoy me animo a hablaros, lectores míos (sí, los tres), de algunos de mis videojuegos favoritos. No esperéis una profunda review, ni extensas justificaciones de por qué debéis dejar todo lo que estéis haciendo en este mismo momento y jugar esos videojuegos inmediatamente, ni siquiera encontrareis sentido común en mis opiniones al respecto. Si quereis todo eso, el blog de Supernovio, que es el experto EXPERTO en estos temas, es el lugar al que debéis acudir. Dicho esto a modo de disclaimer, al lío.

Empecemos por el primer videojuego “colorballsfree” que me encandiló: PLANTS VS ZOMBIES. Bueno, si uno lo piensa bien, los proyectiles que lanzan las plantas encargadas de acabar con esos bonitos zombies hambrientos de cerebros son guisantes… verdes… esféricos…Vamos, que no ha sido un paso muy traumático entre un ámbito y otro. Resumiendo mucho, se trata de una especie de “tower defense” de jardín trasero más cachondo que la música de los caballitos. Muy colorista, muy cuqui, muy recomendable.

Para los amantes del sufrimiento en technicolor, la gestión de ovejas y olivos, y un apetito insaciable por odiar la Grecia clásica, el ZEUS, SEÑOR DEL OLIMPO, es el juego ideal. Después de pasar por tediosos tutoriales en los que te enseñan que en la “polis” es tan importante que no se te caiga la casa como que un filósofo te vaya a dar la chapa asiduamente, después de aprender que las cabras se plantan en terreno fértil, puedes jugar un ratito antes de acabar loco de atar con tanta cosa para gestionar, o en su defecto, puedes volverte loco antes de jugar siquiera, tirar todo por la ventana, y acurrucarte en posición fetal en un rincón, lo que más te apetezca. Podría parecer por lo que digo que este juego no me gusta en absoluto. No es que no me guste, es que me saca de quicio, y eso, ladies and gentleman, es lo que me gusta. Como todos los juegos de estrategia, el Zeus, señor del Olimpo, es un juego para masoquistas.

Ahora pongámonos en situación: tarde de domingo, resaca (si no ha resaca, no es tarde de domingo, es otra cosa), fotofobia feroz, los sonidos estridentes provocan en el cerebro derrames internos muy dolorosos… El EUFLORIA es el juego ideal para esos momentos. Colores suaves, música relajante, la suficiente acción como para no caer en coma, pero no tan frenética como para no poder echar una cabezadita en medio de la partida… Asteroides, arbolitos, semillitas, invasiones interestelares… aiiissss, qué bucólico.

Luego hay una gente que tiene el cielo de los creadores de videojuegos (donde todos son vírgenes y mártires), ganado: los señores de Amanita Desing, con MACHINARIUM, SAMOROST, y SAMOROST 2. Estas tres bellísimas aventuras gráficas llenas de puzzles, misterios, escenarios hechos de “recortes” de imágenes reales, putadas a inocentes criaturas que luego, ya que el bien siempre gana, consiguen resarcirse y te dejan la mar de contento, son también un “must” en mi lista de juegos. Y deberían serlo también de las vuestras.

Entre la estrategia y el arcade tradicional, se encuentra el FORTIX. Supernovio, que es el que sabe de esto, me dijo que cuando él era (más) joven había unos juegos parecidos, en los que despejando la superficie de juego a base de hacer rectángulos, acababas viendo a una cachonda en tetas o algo así. En el Fortix no hay cachondas en tetas, pero tampoco tiene porque ser malo. Eres un caballero medieval muy pequeñito que espada en ristre va recorriendo el mapita, conquistando territorios, esquivando cañonazos y atrapando dragones. Horas y horas de diversión. Aun sin cachondas en tetas.

Otro “tower defense” recientemente descubierto gracias a los majísimos del Humble bundle y sus ofertas incomparables es el ATOM ZOMBIE SMASHER. Ciudades infestadas que han de ser evacuadas a golpe de helicóptero, ordas de zombies rosa fucsia (zed’s en el juego), que han de ser aniquilados descargando sobre ellos fuego, azufre, fuertes escorbutos y mentiras, y la infección que ha de ser erradicada a golpe de “bombas-llama” (llama como el animal ese que es como una cabra cuellilarga sin cuernos que escupe, esa clase de llama) es lo que uno se encuentra en este juego, ambientado en una hipotética Sudamérica (comienza en la ciudad de Nuevos Aires). Múltiples configuraciones del juego, y la posibilidad de descargarse por la patilla mods a cholón, lo hacen eternamente jugable. Y la musiquita surfera, que mola un huevo y la yema del otro, pone la guinda al pastel.

Por último, pero no por ello menos importante, está el WORLD OF GOO, que debería ser convalidable por unos cuantos créditos de libre elección en cualquier la ingeniería de caminos, puentes y cosas así. Con unos moquetes de naturaleza semipetrolífera hay que construir estructuras para llegar del punto A al B, quizás pasando por el C incluso, lo cual implica en ocasiones romprese los cuernos hasta hacerse sangre. Un juegazo.

Me dejo algunos juegos en el tintero, pero hay que dejar fondo de armario para otras entradas. Espero que mi humilde e inconexa opinión os ilumine a la hora de probar a jugar cosas nuevas, que no sólo del World of Warcraft vive el hombre.

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