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La cena de nochebuena,  a juzgar por la proliferación de abetos adornados, luces en las calles, y catálogos del Toys’r’us en mi portal, se acerca peligrosamente. En mi casa, este evento del zampar se caracteriza por dos cosas: mi tío que se niega a subir la calefacción por encima de los 14 grados y nos mata a todos de frío, y la sopa de pescado que hace mi madre.

La sopa de mi madre es de competición, lleva de todos los bichos feos que corretean por el fondo del mar, y de todas las cosas con cáscaras que te puedas imaginar. Pero tiene dos inconvenientes. El primero es el precio de todos esos bichos, que te los cobran como si tuvieran pedigrí y pudieras presentarlos a concursos y exposiciones. Y el segundo es el trabajo que da prepararla: cuece, sofrie, quita cascaras, abre almejas,espachurra conchas, pasa por el pasapurés, por el chino, por la batidora, descabeza los langostinos, arranca las patitas a las nécoras… Vamos, un show…

Por eso yo, que soy más prácitca y más consciente de que la economía está “achuchá”, comparto con vosotros mi peculiar alternativa a una sopa de marisco navideña (o no).

Ingredientes:

Merluza congelada (yo he usado colas de pescadilla, que es lo mismo,o no, pero bueno, me da igual)
Anillas de calamar (las que no van rebozadas)
Gambas congeladas (de las chiquininas, de las de echarle al arroz tres delicias)
Una lata (o varias, depende de las que mangueis en el super) de mejillones al natural
Cebolla picadita
Patatas cortadas trozos no muy grandes
Una hoja de laurel
Una pastilla de Avecrem verduras
Aceite
Agua
Sal

Se pica la cebolla finita y se sofríe tal como se sofríe la cebolla (lo de sofreír lo tenemos superado). Se echan las anillas de calamar cortadas en trocitos, y se les da un meneo. A continuación se añade la merluza y las gambas, y otro meneo más. Se agregan las patatas, y la pastilla de avecrem desmenuzada. Por último se añaden los mejillones y un poquitín, un apenas, de agüilla de la lata, que eso da regusto bueno, la hojita de laurel y el agua. Y se deja un rato al fuego fuerte hasta que empieza a hervir, y luego se baja al mínimo.

El sopicaldo está cuando las patatas estén blandas, que es relativamente rápido, así que nos ahorramos pasar todo el día en la cocina, y podemos invertir ese tiempo jugando al Portal2, en el bar bebiendo pacharanes de tres en tres, o amaestrando piojos, cada cual lo que más le guste.

Que lo disfruten con salud, en Nochebuena o cuando quieran, que esto tambien está rico un jueves de marzo 🙂

Como mujer que soy (que lo soy, Supernovio puede dar fe notarial de ello), tengo la muy sana costumbre de llevar ropa interior. Mi santa madre me educó bastante bien, y el resto lo hizo el sentido común, que me dice de vez en cuando que no debe ser agradable pillarse un resfriado de los bajos.

De la ropa interior femenina, campo de juego de fetichistas y pervertidos no voy a hablar, que luego se me llena esto de gente rara. Esta contextualización previa es símplemente para dejar claro que sé de lo que hablo, y que hablo con conocimiento de causa. No voy a entrar en detalles escabrosos, así que pongan todos las dos manos donde yo pueda verlas a la de ya.

Al lío: hace unos días me compré en Carrefour un pack de seis bragas al fascinante precio de 6 euros.Hasta ahí todo bien.

Lo que me repatea es lo siguiente: de esas 6 bragas, a 4 se les fue la goma al carajo con solo mirarlas. Esto ya no está nada bien. Vale que puede uno decir que por 6 euros (un euro por braga), qué coño quiero… Pues quiero 6 bragas que me duren íntegras más de dos horas de uso normal, no dos bragas y cuatro trapos.

Eso me lleva a pensar en otro asunto, relacionado también con otra reciente adquisición a bajo precio: mi tablet Airis OnePAD 700. La daban con cupones de ABC + 99 euros. Y ha fallado desde que la compré más que una escopeta de feria trucada. Viendo los foros del servicio técnico he comprobado que a otra gente también les falla por los más diversos motivos, pero que muchos lo justifican por su bajo precio: que por 99 euros (+ periódicos), qué coño quiero… Pues quiero una tablet que funcione tal y como le corresponde funcionar. Ni más (porque un precio bajo implica prestaciones bajas), ni menos (porque un precio bajo no implica que haya que aguantar que algo funcione peor de lo que debe funcionar).

Me cabrea un poco que con la excusa de lo barato que es algo nos pasemos por el arco del triunfo que aunque poco, hemos pagado un dinero para que algo sea como debe ser al menos durante el tiempo que cubre la garantía y dándole un uso normal.

No sé si eso es culpa de las empresas (que siempre quieren ganarse beneficios de a duro cuando nos dan servicios de cuatro pesetas), de los usuarios/consumidores/gente de a pié, que somos más tontos que botijos y nos gusta más una oferta que a un tonto un lápiz, o yo qué sé… Lo que sé es que me cabrea, y sin embargo, ante una superoferta acabaré cayendo otra vez, y volveré a comprar 6 bragas por 6 euros. Sólo espero que las próximas duren…

Porque me niego a ir sin bragas.

Aceitunas y marmotas

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