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Tengo esto tan abandonado que el otro día lo abrí y vi pasar un matojo rodador de esos de las pelis del oeste, pero claro, este es mi blog, y tengo edad para tenerlo como a mí me de la gana, vamoshombreya… 

Pero una cosa es ser una desastrada y otra muy distinta no hacer caso a las madres cuando mandan algo. Aunque no se haga caso a la primera. Y aunque la madre que manda no sea la propia, sino la madre de un gremlin que no come y una tamagochi que debería salir más en el blog (guiño guiño, codazo codazo).

Como no estoy muy segura de quién me va a leer, y de si conocen ya mis vicios más ocultos, haré un breve resumen/confesión/declaración del impuesto de la renta de las personas físicas: me gusta tejer. Como a un tonto una cera Manley color rosa.

He hecho amigurumis, he hecho ponchos, he hecho mantitas, he hecho bufandas… con ganchillo, con dos agujas, con aguja circular, incluso he aprendido a tejer sólo con los dedos… Además me gusta probar cosas nuevas, aprender nuevas técnicas, superarme y dejar patidifusos a los que un día me ven recitando improperios que  parecen invocaciones satánicas ante un ovillo de lana tan enredado como  el pelo de Tim Minchin en un día de viento, y al siguiente se sorprenden cuando les muestro que mis manos sin pulgares oponibles han fabricado chales como de abuela, bolsos, y hasta fundas para gadgets. Soy la leche!

En mi afán por aprender más y más, inspirada por maestra jedi peruana de las labores, un día se me metió entre ceja y ceja que quería aprender a tejer con telar circular. Una cosa terrible, de no comer bien, no dormir por la noche, sudores fríos, ausencia del periodo…bueno, vale, estoy exagerando. Fue una emperradura estándar.

Problema: no tenía telar circular. Solución 1 (preguntar en todas las mercerías y ser tomada por loca, porque en provincias estamos atrasadísimos), fallida. Solución 2 (fabricar un telar con mis propias manos y un tablero de aglomerado), abortada por falta de material y herramientas. Solución 3 (internet), un éxito. En pocos días tenía 4 telarines para dar rienda suelta a mis más bajos instintos tejedores.

Lo primero fue hacer un gorro para Padre, porque los papases se lo merecen todo y más, pero no tengo ojo para las tallas y … bueno, digamos que a mi primo el pequeño le queda escuetito…Gorro #fail.

Pero no me desanimé. Eso sí, tampoco he vuelto a hacer gorros. Me pasé a calentar la parte del cuerpo diametralmente opuesta: los pies. Además los hago talla única, para no liarme, y rectos (no he encontrado un tutorial aceptable donde me explique como tejer los talones), y son tremendamente calentitos, indispensables para personas que como yo, son incapaces de dormir con los pies fríos.

Y en esto he estado útimamente, tejiendo calcetines en un telar circular, como una niña china a la que sus padres han abandonado en un orfanato que a su vez la ha vendido a un señor muy malo que explota niñas chinas para hacer calcetines.

Bueno, en esto, y en estudiar como una loca, y en vivir por encima de mis posibilidades haciendo DOS comidas al día… como se entere Rajoy, me recorta.

Por todo esto, desde aquí animo a las masas (imagínenme como Evita  Perón en el balcón de la Casa Rosada hablando al el pueblo enfervorecido…) a que agarren el útil de tejido que tengan más a mano (la mano misma sirve), se compren un ovillo de 0’60 en los chinos de la esquina, y que empiecen cuanto antes a tejer… y que la crisis del capitalismo nos coja con los pies calentitos.

 

[Algún día, cuando la cámara de fotos decida dejar de hundirme en la miseria, habrá documentos gráficos. Hasta entonces, tengan fe]

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